Sus problemas
Mis hermanas pequeñas, trece años, pasan la tarde discutiendo, peleando y gritando. Se van a dormir y me llaman porque las dos quieren explicarme su punto de vista sobre una de las últimas discusiones del día.
Les digo que la mejor solución es que no se miren y vuelvo a mi escritorio. Desde su cuarto una grita que la otra la está mirando. No les hago mucho caso. Al rato mi madre manda a mi otra hermana recordarle a las pequeñas lo mucho que se puede enfadar sino se duermen. Por lo visto el ruido ha llegado abajo pero ya no son gritos enfadados.
Antes de irme a la cama paso por su habitación para apagarles la luz. Por lo visto los últimos ruidos los habían hecho mientras movían todos los muebles de la habitación para juntar las camas.
Envidio eso y compadezco a quienes ya no pueden comportarse así nunca.
“¡Qué bonitas son las reconciliaciones!” Sí, claro, las reconciliaciones inocentes son preciosas, a las otras les sobra rencor por todas partes.
Aún no hay comentarios
¡Sea el primero en comentar!


