Untitled #1

– ¿Dónde estás? -farfullaba durante sus últimos instantes de vida.

– Estoy aquí, contigo. -dije intentando oír mi voz por encima del sonido de mi corazón palpitando con fuerza.

– ¿Sabes? Me vendría bien un vampiro ahora mismo.

Y me quedé helada.

Se estaba muriendo en mis brazos con hierros atravesándole el cuerpo y dándole vía libre a la sangre para que se esparciera a su alrededor, y aun así, seguía siendo ella, ella y su humor.

– No te preocupes, yo te muerdo. -me oí decir.

En fin, ¿qué iba a hacer? Ella significaba tanto… y una parte de mí empezaba a ser consciente de que se estaba yendo (aunque me aferrara con fuerza a la parte que no se creía lo que estaba pasando).

Agaché la cabeza, le besé la mejilla y bajé a su cuello, roce su piel con mi nariz y sentí como me transportaba a años atrás, en el instituto, donde los chupones estaban a la orden del día entre las conversaciones de adolescentes con más dedos en una mano que en la frente.

Al separarme vi la acumulación de sangre que había producido bajo su piel.

– Ya está. Ahora empezará el cambio y serás siempre así de joven.

– Y guapa. Los vampiros son muy guapos.

– No necesitabas que te mordiera para eso. -dije concediéndole el piropo con media sonrisa. Algo que en cualquier otra ocasión me hubiera parecido demasiado cursi.

– Se supone que esto debería doler… creo que voy a envejecer. No me convertiré en vampiro.

El corazón me golpeó el pecho con tal fuerza que supe al instante que se había roto. Las lágrimas se derramaban por mis mejillas. No iba a envejecer.

– Tengo frío -dijo- ¿me das un beso?

Casi no había acabado la frase y yo ya había pegado mis labios a los suyos con fuerza. No quería que se fuera, la quería a mi lado todos los días de mi vida. Quería comprarle regalos que iluminarán su cara al abrirlos, quería salir a comer un helado en una terraza viendo a la gente pasar, quería pasarle canciones y comentar como moríamos de amor por casi cualquier grupo que le gustara a la otra, quería tener la oportunidad de que en algún momento de nuestras vidas, viviéramos tan cerca como para tocar a la puerta sin avisar, aunque probablemente no lo hiciéramos nunca porque prefiriéramos avisar antes, y quería mirarla y abrazarla con la mente.

Dejé que el beso se alargara hasta que sentí que le costaba seguir. Separé mis labios de los suyos y le abracé con fuerza. Una de mis lágrimas cayó en el hematoma que le había producido momentos atrás. Y de repente me di cuenta, fui consciente de algo que había sabido incluso antes de que subiéramos a ese coche, si ella se iba yo iría detrás.

Escribí esto el 15 de Agosto de 2009. Me encanta releer cosas así y recordar lo que pensaba mientras escribía estas cosas, lo que sentía y por quién y como hoy por hoy no siento nada por nadie. Nada por nadie al otro lado del océano.

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[Lunes] 8 . febrero . 2010. Etiquetas: , , , . General, Out Of Mind. Deja un comentario.